musulmana

¡DESPIERTA EUROPA, DESPIERTA! NO ES TIEMPO DE VELAS, ES TIEMPO DE BALAS.

Nos gustaría ser portadores de nuevas buenas, pero la realidad nos muestra que nada ha cambiado sustancialmente para que seamos optimistas. Por el contrario se han agudizado las amenazas contra Occidente y la perspectiva que se columbra es, a nuestro modo de ver, sombría.

De entrada, los dirigentes europeos son tan responsables como los propios terroristas de sucesos tan atroces como el ocurrido ayer en Londres. Pese al sinfín de víctimas mortales en suelo europeo, siguen instalados en la retórica del encrubrimiento hacia los terroristas islámicos. Estamos ya hartos de la ocultación de motivaciones religiosas en ataques terroristas (como los cotidianos atentados con cuchillos o por atropello atribuidos a “perturbados mentales”) por temor a ser acusados de islamófobos. Forzosamente, esta actitud claudicante ante la bestia islámica nos lleva a preguntarnos qué intereses inconfesables hay en juego para que la pérdida de cientos de vidas europeas les importe tan poco.

La venalidad y molicie de las clases políticas, la falta de gobiernos y liderazgos auténticamente patrióticos que pongan freno a la inmigración descontrolada y la forma de actuar de los partidos izquierdistas que, en franca contradicción con sus ideales históricos, apoyan entusiastamente, como idiotas útiles, al islam, son los responsables de mover los hilos que posibilitan el gradual deterioro de las sociedades europeas y su calidad de vida. Asimismo, coadyuva al penoso objetivo, la prensa progresista falaz y maniquea.

Es imperio aclarar que las ideologías que contribuyen a fomentar el relativismo, el nihilismo y otras taras ideológicas están siendo cómplices de la actual reversión cultural y étnica de Europa. Hasta el punto neurálgico, ya que además de ser cómplices, los propulsores de esas ideologías, que atentan contra los postulados cristianos, son partícipes necesarios en el sojuzgamiento de Europa y de su pérdida de identidad y valores.

Nos preocupa y genera mucha desazón la claudicación europea, que pareciera estar resignada a ser fagocitada por el islam, pero lo que menos nos causa, es sorpresa. La fallecida y preclara periodista y escritora italiana Oriana Fallaci, con gran visión había advertido sobre una alarmante islamización de Europa y acusado a la izquierda europea de ser antioccidental en su trilogía de libros sobre el Islam-“Inshallah” en 1990, La rabia y el orgullo 2001, La fuerza de la razón 2004- y en numerosos artículos. Sus denuncias valientes contra el fundamentalismo islámico le valieron varias denuncias judiciales por difamación del islam, además de ser injustamente acusada de racista.

La casta política, desbordada por los acontecimientos e incapaz de variar el rumbo porque ello supondría dejar al descubierto las mentiras sobre las que se ha fundamentado su discurso ideológico a favor de la multiculturalidad, ya sólo trabaja para sí misma y sus espurios intereses. La cada vez mayor población islamista, que en muchos países europeos será mayoría en veinte o treinta años, es y será decisiva en la obtención de votos. A los políticos inescrupulosos que contribuyeron a favorecer graciosamente una inmigración masiva sin restricciones, no les pasa inadvertido, los necesitan para llegar al poder o mantenerse en él, traicionando de manera aviesa los intereses y bienestar de los ciudadanos nativos.

Es una pena que sean los grupos conocidos como “identitarios” los únicos que se opongan a la destrucción de la civilización occidental. Considerando el escaso o nulo aporte de los gobiernos europeos para preservar su identidad y cultura, es imperativo que los medios de comunicación independientes, esclarezcan a la opinión pública sobre los riesgos que conlleva la islamización de sus países.

De mantenerse las actuales políticas, no vislumbramos para Europa un promisorio futuro. Hasta los mismos islamistas abiertamente se burlan de la permisividad y laxitud de las democracias liberales europeas, que les permiten erosionarlas desde dentro para luego dominarlas, como continuamente proclaman.

Ante la desmesurada tasa de natalidad de los musulmanes en Europa, por una cuestión elemental de cálculo matemático, los mahometanos serán en el mediano plazo mayoría. Una verdadera democracia debería actuar con premura para poner límites al aluvión inmigratorio, cuya premisa, cada vez menos larvada, es sustituir la etnia y cultura europea por el islam.

Tampoco podemos omitir la responsabilidad de la Iglesia romana en esta hecatombe europea. La jerarquía católica registra elevados niveles de corrupción y aleja a los feligreses decepcionados. Para los creyentes nos queda como roca de contención y refugio espiritual, sólo Dios, que es insobornable.

Los europeos no sabemos defendernos. Ni nuestros gobiernos nos han preparado para hacer frente colectivamente al terrorismo islámico. Los muertos se multiplican. Atocha, Charlie Hebdo, Bataclan, Bruselas, Niza, Colonia, Berlín, Malmö, París, Londres, Manchester. Siempre los mismos y auténtica indefensión por parte de unos europeos a quienes no nos interesa que el presidente francés mande cuatro aviones a bombardear al Isis, porque el problema no son los de allí, sino los que tenemos metidos aquí y que nos vemos obligados a cazar si queremos sobrevivir dignamente y no permanentemente aterrorizados.

Con la ayuda de la izquierda, los católicos buenistas y la corrompida casta política europea, el islamismo asesino juega con ventaja. Sabe que tras el patético ritual de velas y ositos se impone recobrar la calma; es decir, que las cosas no cambien para ellos. Y así hasta el próximo atentado. De nada habrán servido los muertos y heridos de ayer en la ciudad británica. Las fieras sanguinarias amamantadas por el buenismo y las oenegés subvencionadas emergerán otra vez de sus guaridas para asesinarnos a hachazos, con cuchillos como al policía londinense, como a la pobre madre francesa acuchillada por un magrebí por llevar pantalón corto. O para imponernos su siniestra autoridad, como a las cientos de mujeres víctimas de horribles agresiones sexuales sin que el hombre de Europa tenga los cojones de salir a defenderlas; porque no saben, porque no están preparados, porque no “es correcto”. ¿Tenemos los europeos sangre en las venas? ¿Es lógico que Francia mande aviones a Iraq y no controle sus peligrosas barriadas ni expulse a los elementos peligrosos a sus países de origen? Y no son franceses, alemanes, españoles o británicos. Son y serán siempre extranjeros que nunca perdieron la nacionalidad de sus padres y a quienes en sus países de origen entienden muy bien los gobernantes.

Puede que tardemos en comprenderlo. Pero no es tiempo de velas, es tiempo de balas.

Y de medidas concretas, como la de llevar de forma automática a todos los supuestos “retornados”, no al juzgado, sino ante el Tribunal de Crímenes de Guerra de La Haya, porque son genocidas. El Isis es genocida. Sus miembros lo son. Y saben que Europa es un continente debil e indefenso, sin hombres y mujeres capaces, lastrados por gobernantes timoratos que adoran retratarse con los grandes monarcas y jeques del petrodólar, cuando cualquier nación con apego a la honra jamás tendría relaciones con infractores de los más elementales derechos humanos. Y menos aún con ese dictadorzuelo del Bósforo, a quienes en las redes han bautizado como “Cerdogán” y en Francia como “Cochongan”.

En esta hora difícil hablamos a Europa aún sabiendo que nuestra voz se perderá en la espesura de la corrección política. Europa, haz de tus hombres y mujeres buenos soldados capaces de defenderse. Europa, anima a los pueblos a formarse para los tiempos de balas, porque ya ha pasado el tiempo de velas. Europa, aprende de nuevo a glorificar el valor, la lealtad, el patriotismo, la disciplina, el honor y la heroicidad y que se impregnen de ello aquellos que por desgracia van a vivir tiempos de balas. Europa, no dejes que nos maten más, sé capaz de llamar al enemigo por su nombre y llamar a combatirlo. Europa, no olvides que somos o hemos sido la mano que mece la cuna y donde no lleguen nuestros gobernantes, tendrán que llegar otros. Europa, tu eres cobarde; nosotros, no. Europa, tu te has rendido; nosotros, no. Europa, no es tiempo de velas, es tiempo de balas.

Criticón Digital