islas escocesas

¿Una independencia de la secesión?. Los dirigentes políticos de tres archipiélagos del Reino Unido plantean a Escocia que si esta región se separa en 2014 del resto de británicos los ciudadanos de las islas deberían poder decidir si quieren seguir con Escocia o declararse un Estado separado. No se consideran culturalmente escoceses y, sobre todo, son islas ricas en petróleo y gas.

Al primer ministro regional de Escocia, Alex Salmond (SNP), le ha surgido un contratiempo en su camino a la celebración del referendo secesionista previsto para el próximo 18 de septiembre de 2014. Dirigentes políticos de las islas Shetland, Orcadas y Hébridas (Reino Unido) exigen el control de sus recursos naturales y se plantean independizarse de Escocia.

Ni ciudadanos del Reino Unido, ni de una Escocia independiente, el objetivo de este movimiento secesionista -creado electoralmente en 1987 sin grandes resultados hasta hoy- es que, aprovechando el momento político abierto por el Reino Unido, en base a la legalidad, las islas Shetland, Orcadas y Hébridas puedan obtener la separación del resto de Escocia.

En total son poco más de 100.000 habitantes pero el leit motiv de los dirigentes políticos locales es similar al de todos los movimientos secesionistas desarrollados en los países democráticos: motivos económicos. Tanto los archipiélagos del norte de Escocia (Shetland y Orcadas) como el del oeste (Hébridas) son ricos en materias primas energéticas y recursos naturales. Además, argumentan que culturalmente no son escoceses.

Hace cuatro meses, tal y como ha recogido esta semana La Vanguardia, se reunieron dirigentes de las islas para reclamar otra vez o bien un estatus de dependencia del Reino Unido al estilo de las islas del Canal, la isla Man o las Islas Malvinas (paraísos fiscales, por otro lado) o firmar un acuerdo como el que Dinamarca suscribió con las Islas Feroe en 1948 (archipiélago que está más cerca de las Shetland que Londres). Todo esto sin descartar como objetivo final la constitución de un nuevo Estado.

Este paso dado por el movimiento independentista isleño ha pillado a contrapié a Salmond, pues aquellos están utilizando argumentos similares a los de este para exigir una desconexión con el Gobierno del Reino Unido. Sin embargo, lo que la ley permite para Escocia no lo permite para las islas del norte y noroeste de la Gran Bretaña por lo que sus aspiraciones secesionistas tienen poco recorrido real.

Eso sí, nuevos yacimientos de petróleo y gas, que en Escocia dan por suyos, estarían en suelo marítimo de las islas, una decisión que podría dar un mayor empuje al movimiento independentista respecto a… Edimburgo. Y eso que actualmente ya son territorios que aportan económicamente más que la media al conjunto de la hacienda pública del Reino Unido.

En cualquier caso, el partido nacionalista escocés no parece encontrarse cómodo con las voces que empiezan a oírse en los archipiélagos rebeldes. Sus portavoces más directos y claros son Tavis Scott y Liam McArthur, ambos liberal demócratas y miembros del Parlamento regional de Escocia, vencedores en sus circunscripciones electorales. El primero es diputado por Shetland y el segundo, por Orcadas -archipiélagos, por cierto, que hasta el siglo XV pertenecieron a Noruega-.

Tanto Scott como McArthur han planteado -no oficialmente pero sí a la ciudadanía- la posibilidad de que si, tras el referendo de 2014, Escocia dice sí, también se pregunte a los isleños por su voluntad sobre una nueva relación con el Estado que surja. Es decir, elegir entre la independencia de Escocia o un grado de autonomía al estilo de las Islas Feroe (Dinamarca). Otro leit motiv que les une: se quejan de la enorme centralización establecida desde 1999 por el Gobierno regional de Escocia, tras la devolución del Reino Unido al Parlamento regional.

Esta situación es casi idéntica a lo que ocurrió en el referendum de Quebec. El sí a la independencia triunfaba por dos puntos, hasta que los indígenas de los Territorios del Norte de Quebec, que suponen el 66% de toda la provincia quebequés, expresaron su firme voluntad de segregarse de Quebec y mantenerse dentro de Canadá. Mientras no cambie esa tendencia, nunca ganará el sí, en ningún sitio.

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