califato

El británico The Sun se hace eco de la historia de un agente de seguridad británico llamado Yasir Asbdullah, que viajó a Irak para unirse a las fuerzas kurdas después de que los terroristas del Estado Islámico ocuparan posiciones a pocos kilómetros de su ciudad natal. La historia que narra Abdullah es desgarradora y abunda en las salvajadas y atrocidades a las que el Estado Islámico nos tiene acostumbrados.

Según la historia de Abudllah detallada en The Sun, cuando se encontraba en Mossul conoció a una madre que había viajado hasta allí para recuperar a su hijo, secuestrado por los terroristas de la bandera negra.

Era una anciana kurda que pidió audiencia con los terroristas del Estado Islámico para suplicarle por su hijo, secuestrado hace meses. Los islamistas le invitaron a sentarse y descansar. Después le ofrecieron té, arroz y carne. Cuando la madre les pidió nuevamente ver a su hijo, éstos se rieron y le espetaron: "¡Te lo acabas de comer!".

Así relató Yasir Abdullah su experiencia tras viajar desde el oeste de Yorkshire hsata Mosul para reunirse con fuerzas peshmergas y kurdas. Ahora, ha regresado a Inglaterra donde ha contado esta horrible historia. Abdullah ha conocido de primera mano las técnicas del terror que emplean los islamistas en los territorios que mantienen sometidos. A aquellos que no se pliegan a su voluntad, suelen ser enterrados vivos o quemados.

Según el testimonio de Yasir Abudllah a The Sun, actualmente los ataques más crudos se producen en Tikrit, donde han muerto más de 1.100 iraquíes, de los cuales seiscientos eran civiles.

Por otra parte, los homosexuales abandonan Siria para evitar que los yihadistas los maten. Se suma a la represión del régimen y al rechazo familiar.

El Estado Islámico ha pretendido vender el cadáver de James Foley, el periodista estadounidense decapitado, a sus familiares-

Una ceutí, hermana de un suicida, le ha seguido a Siria y se ha casado con un tal Kokito, que se exhibe en Internet con las cabezas de sus víctimas-

Hay un vídeo donde un niño, aleccionado por sus mayores, ejecuta de un tiro a dos rusos.

Proyectan en una plaza pública el vídeo llamado La alegría de los musulmanes mientras arde el piloto jordano; un niño de unos ocho años de edad contempla la pantalla sonriendo y dice a la cámara: “Le habría quemado yo mismo”.

En Berlín, hace unas semanas, un imán predica: “Como dijo el profeta Mahoma, si un hombre invita a su mujer a la cama y ella se niega y decide dormir, los ángeles la maldecirán hasta que despierte. A la mujer no le está permitido excusarse, ni tampoco puede impedir que su cuerpo sea utilizado para darle placer a su esposo, incluso si está menstruando”.

En la misma mezquita, otro imán oraba por los judíos: “No dejes a ninguno de ellos y hazles sufrir terriblemente”;.

En Irak los yihadistas venden a unos niños cristianos como esclavos sexuales y crucifican a otros.

Abderrahmane Sissako se decidió a rodar Timbuktu, película nominada a los Oscar, al leer que una pareja con dos hijos había sido lapidada en Malí por no estar casados. Y dice: “Una minoría ha tomado al islam como rehén”.

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