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ORIENTE MEDIO. Elecciones

Netanyahu sorprende con una holgada victoria sobre Herzog. El líder del Likud resurgió de las cenizas y recibe mejores cartas que el laborismo. Con el 99% de votos escrutados, el Likud logra 29 escaños por 24 del Campo Sionista.

Tras unas dramáticas elecciones, el líder del Likud, Benjamín Netanyahu resurge de las cenizas auguradas por los sondeos con un holgado e inesperado triunfo que le permite seguir gobernando en Israel.

Medianoche. Al grito de "¡mago, mago!", centenares de seguidores del Likud reciben a un eufórico Netanyahu tras empatar con el dirigente del "Campo Sionista", el laborista Isaac Herzog, según las encuestas a pie de urna difundidas por la televisión.

5 A.M. La euforia del partido conservador se convierte en extasis envuelta de incredulidad con la difusión de los resultados definitivos que muestran un triunfo que ningún sondeo pronosticó y que seguramente ha sorprendido hasta al propio primer ministro. Con el 99% de los votos escrutados, el Likud obtendría 29 escaños por sólo 24 del Campo Sionista. Un auténtico golpe para Herzog y el centroizquierda que soñaban con doblegar a su odiado Bibi. El significado es evidente: Netanyahu formará con tranquilidad su tercer Gobierno consecutivo.

"Contra todos los pronósticos, ¡hemos conseguido una gran victoria! Formaremos un gobierno fuerte y estable que tenga en cuenta las preocupaciones sociales", proclamó Netanyahu antes de conocer los resultados definitivos y en un guiño al centrista Moshe Kahlon que con sus 10 escaños se convertía en el hombre de las llaves del Gobierno. Mientras en su sede en Tel Aviv celebraban los resultados con sorpresa y júbilo, Bibi le llamó para invitarle a su coalición. El Likud no tendrá problemas para recabar el apoyo de 61 de los 120 diputados de la Knésset (Parlamento) pactando con la derecha nacionalista, los ultraortodoxos y quizás el centro.

El mago del Likud logra una espectacular remontada gracias a su mensaje dedicado a la derecha más nacionalista de que le voten y eviten el gobierno de izquierda. Lo logró y, en el camino, arrasó al ultranacionalista Hogar Judío.

A diferencia de 2013, cuando la victoria de Bibi estaba cantada, la jornada de ayer estuvo marcada por la incertidumbre y la ansiedad de dirigentes como el primer ministro, sometido a un referéndum político y personal tras seis años en el poder. Las expectativas de un ajustado resultado y la movilización árabe en torno a su lista unificada explicaron el drama del atardecer y el alto nivel de participación (71%). Dado que el corte de votos necesarios para obtener un escaño ascendió al 3,25%, el izquierdista Meretz y el derechista Israel Beitenu (Lieberman) entraron por los pelos en la Knesset.

La ley israelí prohíbe a los candidatos hacer propaganda en la jornada electoral. La Comisión Central lo puede evitar sólo si un partido presenta una denuncia. Pero no hubo queja porque todos aprovecharon las 15 horas de votación, para cazar votos en sus respectivos bloques. Netanyahu confirmó su fama de "perder los nervios en momentos de máxima presión" en la jornada más tensa desde que aterrizó como meteoro político en los 90. Nada más introducir su papeleta en Jerusalén, sedujo al ala más derechista al comprometerse a no pactar un Gobierno con los laboristas. "Llamaré a Naftali Bennett [líder de Hogar Judío] para que formemos un Gobierno en el campo nacional", señaló.

Después, denunció "la campaña sin precedentes de la izquierda apoyada por los medios en un esfuerzo local e internacional para que Israel no esté gobernada por el Likud, sino por Herzog". Ante informaciones sobre la supuesta elevada participación del sector árabe, Netanyahu escribió un criticado post en Facebook: "Los votantes árabes acuden en masa a las urnas. Asociaciones de izquierda los están llevando en autobuses".

"Bibi ha entrado en un pánico ridículo", reaccionó Herzog, que siguió los resultados en su casa del norte de Tel Aviv. En el selecto barrio de Tsahala esperaban que su vecino más famoso se convirtiera también en el más protegido, en condición de primer ministro. Deberán esperar.

Tras ser recibido por jóvenes con banderas, Herzog votó, elogió "la fiesta de la democracia de Israel" e hizo propaganda: "Se trata de elegir entre el cambio y la esperanza, y la desesperación y el descontento".

A la puerta de cada escuela, voluntarios intentaron convencer a los indecisos en el minuto 90. "En el ambiente hay una sensación de cambio. La gente entiende que es necesario un cambio importante en Israel. Somos optimistas", nos decía por la mañana el joven laborista Shai, mientras Yosi Jilu (Likud) reivindicaba a su líder: "Es el único que me da confianza para gobernar este país". Reconoce que en su partido había "decepcionados con Bibi" pero añadía: "Al final, llegas a la urna y no puedes abandonar a tu familia".

Una familia, la del Likud que se movilizó para evitar "el peligro real del gobierno de izquierdas", en palabras de Netanyahu. El hombre que tanto antagonismo provoca en el centroizquierda israelí no abandonará tan rápidamente la residencia oficial de la calle Balfour en Jerusalén.

No hay duda que es la victoria más dulce, inesperada y espectacular en la carrera de Netanayhu. Precisamente cuando peor lo tenía.

Criticón Digital