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La aparente normalidad con la que el régimen chavista ha aceptado su monumental derrota electoral no es tal: se intentó manipular el resultado. Pero el ejército lo impidió.

Maduro no supera la derrota. El presidente de Venezuela ha dicho hoy que en las elecciones del domingo "ganaron los malos" y apuntó que "en Venezuela no ganó una oposición democrática, ganó una contrarrevolución, utilizando la Constitución, y lo primero que hicieron es sacar su odio, su odio desmedido". Pero no ha sacado a sus sicarios a la calle por  la presión militar del Ejército para que se respeten los resultados. 

Se podría haber producido una matanza si, según deseaba Maduro, hubiesen soltado a los llamados colectivos, que son pistoleros que andan en motocicleta, pero que no sucedió afortunadamente.

Según desvela el periódico estadounidense The New Herald, una reunión la pasada semana de la cúpula del régimen chavista planteó organizar un fraude electoral que cambiase o al menos moderase la gran derrota que los bolivarianos han sufrido en las elecciones del pasado domingo.

La reunión se celebró en el Complejo Militar Fuerte Tiuna, una de las mayores instalaciones militares de Caracas. En ella participaban tanto el presidente Nicolás Maduro como el presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello, así como miembros de los servicios de inteligencia y de la cúpula militar.

Fue, de hecho, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, el que rehusó colaborar con lo que tanto Maduro como Cabello proponían: negar los resultados de la votación y anunciar otros. El régimen, cuenta el periódico, no estaba dispuesto a pagar "cualquier precio" por preservar el control en la Asamblea Nacional, un control que finalmente ha perdido completamente, ya que la gran mayoría de la oposición, que ha alcanzado los dos tercios de los escaños, le permitirá una altísimo margen de maniobra.

Según las fuentes anónimas que cita El Nuevo Herald, y tal y como cuenta también Carlos Alberto Montaner, durante la reunión Padrino aseguró que las Fuerzas Armadas no iban a respaldar otra cosa que no fuese un proceso transparente y sin manipulaciones. Algunas de estas fuentes llegan a señalar que "no quería convertirse en el responsable de las muertes que podrían producirse".

Durante la reunión se manejaron encuestas que resultaban demoledoras para el régimen, especialmente una referida a la intención de voto dentro de las propias Fuerzas Armadas, en las que se reproducía un resultado idéntico al que se daba en el conjunto de la población: unos 35 puntos de ventaja para la oposición.

Con ese nivel de rechazo, el ministro advirtió que era imposible contar con el ejército para manipular el resultado de las elecciones. En este sentido, siempre según El Nuevo Herald, Cabello insistió en "lo que estaba en juego el domingo" de las elecciones: el "futuro de la revolución" y "la cabeza de todos los presentes".

El ministro de Defensa, por su parte, señaló que su compromiso era "salvar la responsabilidad institucional de las Fuerzas Armadas" y que las responsabilidades entre los presentes no eran colectivas "sino individuales" y que él "iba a sumir las suyas".

El padre de Leopoldo López aseguró este martes en Es la Mañana de Federico que la actitud del ejército ha impedido que haya "una matanza en Venezuela".

El Ejército habría estado también implicado en otro de los esfuerzos definitivos para impedir un fraude masivo: la llamada Operación 7K, que tal y como cuenta Carlos Alberto Montaner habría dirigido un general retirado, Ovidio Poggioli.

Poggioli habría desplegado un red de 7.000 personas que habrían recopilado los datos electorales in situ mesa por mesa y los habrían transmitido a la oposición, que de hecho ha tenido desde el primer momento datos que posteriormente se han ido confirmando. Este fuente de datos contrastados y fiables habría impendido también al régimen distribuir unos resultados alternativos.

Criticón Digital