priego

Ayer fue un día para recordar. Gila, el gran cómico español, hubiese disfrutado. Yo también disfruté, ¡joder lo que disfruté, el descojone padre!

La oposición convocó un pleno extraordinario para cubrir las plazas vacantes de los concejales del PSOE, pendiente desde agosto del año pasado, (¡vaya papelón está desarrollando el PSOE en esta ciudad, casi como el PP!). La señora alcaldesa, por escribir algo, bórrese señora a quién no le interese o cuadre, agotó todos los plazos legales posibles para que los concejales de la oposición, que la dejarían en minoría, tomasen posesión de sus escaños. Pero los plazos se cumplen; el día 27 de febrero era el día señalado para la “jura de bandera”. A las 12 del mediodía, nunca mejor dicho, del día 27 de febrero, por imposición legal, quedó convocado el pleno, “impepinable”, improrrogable, como espada de Damocles sin hilo. 

También había una falta en el grupo de gobierno; la concejala Isabel Parra Manzano había dimitido y su sustituto debería ser el marido, esposo, compañero, taxista o lo que sea, de la señora alcaldesa (bórrese señora a quién no le interese o cuadre).

Pues bien, la señora alcaldesa (bórrese señora a quién no le interese o cuadre), aupada en sus ensoñaciones de grandeza, patrimonio de los inanes, sintiéndose herida en su soberbia, convocó otro pleno media hora antes del convocado por la oposición para que su marido, esposo, compañero, taxista o lo que sea, fuese investido con la “edilidad”. A las 11:30 de la mañana, ni un minuto antes ni un minuto después.

Hete aquí que para que tal evento fuese posible tendrían que concurrir al Pleno, al menos, tres concejales y no acudieron; solamente aparecieron, como fantasmas en pena, nada más que dos concejalas, cabizbajas, hundidas, derrotadas. El pleno no pudo celebrarse por falta de quórum. 

Descanso. Visiten nuestro bar. No se permite comer “pepitillas” en la sala.

Llegaron las 12, inexorablemente. Los concejales de la oposición, cual jauría de lobos hambrientos, esperaban en el Salón de Plenos la llegada de la víctima propiciatoria. La señora alcaldesa (bórrese señora a quién no le interese o cuadre) apareció con el bastón de mando en la mano, cual majoret entradita en carnes, inmensa, inabrazable por humanos, demostrando a tirios y troyanos que la que detentaba el bastón de mando era ella, solamente ella. 

A partir de ese momento lo que sucedió después no tiene ninguna importancia, nada tiene importancia. ¿Alguien piensa que todo lo que se debata en un Pleno puede empequeñecer la entrada majestuosa de la señora alcaldesa (bórrese señora a quién no le interese o cuadre) en el Salón de Plenos, con el bastón de mando en su puño derecho, la frente alta, el antifonario enhiesto y la mirada asesina, retando a la oposición?

¡Qué más da!

Crónica de los hechos, resumida como mejor sabe, por el concejal no adscrito don Nicolás Cano Guijarro.

En la muy noble y leal ciudad de Priego, Cuenca, a 28 de febrero del año de Nuestro Señor dos mil y dieciocho.

Criticón Digital