Estimados convecinos, pricenses todos:

Llegada la hora de dar cuenta de mi paso por el Ayuntamiento de Priego como concejal, quiero hacer mía la frase de Sancho Panza al dejar de ser gobernador de la ínsula Barataria: “Desnudo entré, desnudo me hallo”. Quiero decir con esto que mi paso por el Ayuntamiento no me ha reportado ningún beneficio económico ni material, al contrario, me ha supuesto pérdidas económicas. Sin embargo lo doy todo por bien empleado porque he trabajado para mi pueblo unas pocas horas de mi vida, unas centenas, las que me ha permitido mi deteriorada salud, pero que me ha supuesto una satisfacción espiritual que nadie se lo imagina. Y eso vale mucho, muchísimo.

Quiero dejar patente mi alegría por haber conocido a Isidro, ¡qué persona más acojonante! Nunca hubiera imaginado que existiera un tipo como él; en cuatro o diez palabras: quiero ir al cielo donde vaya él.

Contar algo de Joaquín no tiene ningún sentido porque no voy a decir nada mejor de lo que es, ¡quisiera ser yo como él! Excelente persona al que yo le he creado algún quebradero de cabeza. Que se aguante y me perdone.

De Monago no voy a decir nada, porque no me da la gana. Es mi hermano pequeño, un hermano de verdad. Le confiaría mi vida. Buena persona donde las haya.

Chencho, ¡ay Chencho! En menudo berenjenal te has metido. Sabes que te aprecio y que puedes contar conmigo para todo, absolutamente todo. ¡Échale huevos, machote! Tú vales más de lo que te imaginas.

Valentín: nadie sabe que tuvimos una relación especial cuando éramos tú, Gabriel y yo los que creíamos que podríamos ser una oposición constructiva; se fue todo a la mierda, pero créelo: a mí no se me olvida nada. ¡Que Dios te bendiga!

Esther, no quiero dejar nada en el tintero, te has equivocado totalmente, pero yo no te guardo ningún rencor, al contrario, te aprecio. Lo que creo es que Azucena te ha envuelto en su tela de araña, te ha obnubilado y te ha hecho casi delinquir, como ella.

Al resto de concejales no los voy a nominar, no me traen bellos recuerdos. Lo siento, pero así es.

De la alcaldesa: sabéis el cariño que le tengo, un amor imperecedero, hasta que la muerte nos separe. Bien pronto será, pues mi fecha de caducidad no va más allá de 2030 (como los yogures de D. Torres). ¡Hagan cálculos! Ella no va a vivir en Priego en esas fechas. Si se marcha antes, mejor. Mañana es tarde.

Pricenses: he trabajado por todos vosotros lo que he podido, por mí en particular, para que nuestro bendito pueblo no se vaya a la mierda. Sé que he sido un concejal impresentable y que soy un escritor algo bestia, pero amante de mi pueblo, el vuestro y el mío, PRIEGO, ese pueblo que os gusta tanto. Perdonadme.

 

Pricenses. Como siempre lo digo, ¡Viva Priego! ¡Viva España!

Y ¡Viva Cañamares!

En la muy noble y leal ciudad de Priego a dieciséis de junio del año de Nuestro Señor de dos mil y diecinueve.

El concejal saliente: Nicolás Cano Guijarro.

 

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