violencia callejera

Barcelona está de fiesta. De fiesta peligrosa, pero fiesta para algunos. Antisistemas de varios países europeos han comenzado a llegar a la capital catalana para sumarse a las protestas por el desalojo de Can Vies, el edificio del barrio de Sants que ha provocado cuatro noches de infarto con más de 60 detenidos y centenares de miles de euros en daños materiales.

 Ante la banlieu catalana, okupas de Italia, Francia y Alemania han sido convocados para lo que en su argot denominan un Black Sabbath (nada que ver con Black Sabbath, la mítica banda de rock de Ozzy Osbourne), es decir un Sábado Negro. Eso significa juerga y acción. El nombre de Black Sabbath proviene de Black Blocs, que es la táctica utilizada por los manifestantes para camuflarse en sus acciones violentas contra la Policía. Y Black Sabbath hace también referencia a las acciones que los antisistema realizan los fines de semana.

De momento, es materialmente imposible conocer con detalle el número de antisistemas que pueden haber respondido a la convocatoria. Pero lo cierto es que los okupas que se trasladan de un país a otro no tienen problema de alojamiento. Cuando viajan, saben que disponen de casas o locales ocupados en los que pueden dormir los días que haga falta.

La llamada a la fiesta de Barcelona se realizó después de que los grupos antisistema de la capital catalana convocasen para este sábado por medio de las redes sociales. A las 10 horas de este sábado hay una concentración en la plaza Pelleria para “ir a reconstruir Can Vies”.  En rueda de prensa, los okupas advirtieron al alcalde de la ciudad, Xavier Trias, y a la Policía de que no interfieran en el intento de reconstrucción del edificio so pena de provocar la eternización del conflicto en la calle.

Pero luego, a las 6 de la tarde hay una “convocatoria de columnas en los barrios para ir todas hacia la manifestación de las 19 horas en la plaza Universidad en respuesta a todas las agresiones que estamos padeciendo”.

El hecho de que los grupos que protestan en Barcelona no son precisamente inocentes lo explica la circunstancia de que en sus recorridos violentos por las calles de Sants fueron dejando trampas que pueden llegar a ser potencialmente peligrosas. Por ejemplo, camuflan clavos dentro de los estuches de cartón que algunas cadenas de comida rápida reparten. Los afilados clavos pueden horadar las suelas de las botas de los policías si éstos pisan el cartón creyendo que puede estar vacío. También dejaron por las calles de la ciudad unos pequeños ingenios de clavos para pinchar las ruedas de los coches policiales.[Fuentes policiales catalanas facilitaron en la tarde de ayer viernes a este periódico dos imágenes de lanzallamas que habrían sido, según indicaron, presuntamente incautados a activistas antisistema italianos que se dirigían a Barcelona para participar en las movilizaciones de los últimos días por la demolición del edificio de Can Vies.Los detenidos esta semana, por su parte, comenzaron a ser puestos en libertad ayer por la tarde, tras pasar a disposición judicial, excepto los que fueron detenidos la noche del jueves. El juzgado de instrucción número 14 tomó declaración a 25 de ellos que quedaron en libertad con la obligación de comparecer una vez al mes en el juzgado y la prohibición de asistir a manifestaciones. Todos ellos han sido imputados por desórdenes públicos y algunos tienen también la acusación de atentado, daños o lesiones. El juzgado de instrucción número 13, por su parte, tomó declaración a dos detenidos. Uno fue puesto en libertad y el otro ingresó en prisión provisional: se trata de un joven de 30 años, vecino del barrio de Sants, trabajador sanitario y casteller.

Por otro lado, el edificio del barrio de Sants que ha provocado toda la polémica fue denunciado por TMB, la empresa municipal propietaria del mismo. “Sus paredes se estaban agrietando y había peligro de derrumbe. Si eso llega a ocurrir y alguien sale herido, la responsable hubiese sido TMB, por lo que fue al juzgado para pedir el desalojo”, explican a este diario fuentes cercanas al Ayuntamiento. Los jueces le dieron la razón y el consistorio incluso propuso al colectivo que lo ocupaba su desalojo temporal hasta reparar los daños estructurales. Los okupas, sin embargo, no se fiaron de la proposición y rechazaron las pretensiones municipales. A partir de ahí, se desató el infierno. O la fiesta. Todo depende de quién lo mire.

Criticón Digital