El líder socialista sabe que sólo tiene una oportunidad para gobernar. Si no lo consigue su partido le hará caer. Por eso pergeña una estrategia con la que llegar a La Moncloa.  Una estrategia muy simple, pactar con todos, incluso con los proetarras, para conseguir más apoyo que el candidato del PP, si no hay una mayoría absoluta entre PP y Ciudadanos. 

Pedro Sánchez no quiere gobernar ni con Ciudadanos ni con Podemos. Quiere gobernar con todos, todos contra el PP, aunque sea el vencedor en las elecciones, la voluntad popular le es indiferente . Y es que, si aspira a llegar a La Moncloa, tendrá que apoyarse en varias muletas  a la vez, incluso aunque sean muletas manchadas de sangre.

Parece complicado, la verdad, pero a veces olvidamos un dato que arrojan todas las encuestas: el PSOE no sumará mayoría absoluta con los escaños de Pablo Iglesias. Tampoco con los de Albert Rivera. Así que, haciendo caso de las matemáticas y de las probabilidades mas realistas, necesitará que ambos le permitan ser investido presidente, y si no consigue el apoyo de Ciudadanos, cosa harto dífícil, ya que Rivera no pactará con Podemos, necesitará el apoyo de las fuerzas proetarras y separatistas 

Luego trataría de gobernar en minoría, partido a partido que diría alguno. Por ahí pasa su estrategia porque hoy día sencillamente no hay otra posible para él. Su gran baza es que Rajoy y Rivera no logren tampoco sumar la mayoría absoluta. Esa situación dejaría al PP con la necesidad de buscar otros apoyos que se antojan muy complicados de conseguir, entre otras cosas porque no tendría aliados naturales. Eso daría a Sánchez la excusa perfecta para presentarse como el único capaz de formar gobierno.

No se trata, diría entonces, de respetar o no la lista más votada sino de encontrar a alguien que consiga aglutinar una mayoría suficiente. Y ese alguien sería él. De hecho, el líder del PSOE ha pronunciado una frase muy reveladora en este sentido. Dice que no quiere gobernar "a cualquier precio" sino sólo si es capaz de aglutinar una mayoría "socialdemócrata, reformista y modernizadora". 

Para eso habría que considerar a Podemos, Amaiur o CUP como partidos moderados, modernos y en el centro izquierda. Y aunque es mucho considerar, ya ha ocurrido tras las últimas elecciones autonómicas y municipales, en las que el Partido Socialista ha preferido que gobierne la CUP en Badalona antes que un alcalde del Partido Popular; ha elegido a Manuela Carmena en lugar de aceptar que Antonio Miguel Carmona, su candidato, fuera alcalde con los votos de Esperanza Aguirre; ha bendecido a "Kichi" en Cádiz con tal de cerrar el paso a Teófila Martínez. Y ha roto el acuerdo entre populares y socialistas en el Parlamento Europeo para formar una mayoría frente a populistas y radicales de todo tipo. 

Así que para su jugada maestra sólo le falta Ciudadanos que, dicho sea de paso, tampoco le hace ascos. En Andalucía están a partir un piñón y Albert Rivera va diciendo que "por supuesto" podría pactar con los socialistas después de las generales, pero no con Podemos. Hasta ahora el objetivo de Pedro Sánchez no ha sido gobernar a cualquier precio sino impedir a cualquier precio que gobierne el PP. Y tras las generales va a seguir en esa estrategia, convencido de que si Rajoy no gobierna la única alternativa será él. 

El líder socialista quiere aprovechar el momento porque, además, es consciente de que sólo tiene una bala en la recámara. Los cuchillos en el PSOE están envainados pero afilados y dispuestos a salir al primer traspiés. Ximo Puig se lo acaba de advertir con claridad. Pedro Sánchez tiene el apoyo del partido pero todo es revisable, le ha dicho. Eso, traducido, significa que si los resultados electorales no le acompañan habrá ajuste de cuentas. Es ahora o nunca.

 

Criticón Digital