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Rajoy ordena al PP tratar al PSOE entre algodones mientras él negocia en secreto.

Su plan pasa por facilitar la vida a los socialistas, hacerles ciertas concesiones para que Susana Díaz lo tenga menos difícil a la hora de vender a los suyos una abstención.

En paralelo, el presidente del PP no se olvida de la importancia de cuidar a Albert Rivera más que nunca.

Más de un dirigente popular esbozó este lunes una sonrisa cuando vio la encuesta de GAD3 para ABC, el peor de los partes de guerra para el PSOE. De haber terceras elecciones el 18 de diciembre, a Mariano Rajoy no sólo le saldrían las cuentas exclusivamente con Ciudadanos a su lado (159 escaños + 25), sino que además sería el único benefactor de la casi veintena de escaños que perderían los socialistas. Ni siquiera Podemos recogería la fruta madura.

"Tentador", resumen desde La Moncloa. Con esas expectativas electorales y un PSOE reducido a escombros, normal que en el Partido Popular haya quienes estos días fantaseen con la posibilidad de imponer unas condiciones draconianas a Susana Díaz para que a los socialistas les sea imposible abstenerse. Y así convocar a los españoles a las urnas prenavideñas y salir reforzados de ellas. 

Pero no, nada más lejos de la intención de Rajoy hacer leña del socialismo o humillarlo. El presidente en funciones, defensor a ultranza del bipartidismo, sabe que necesita que el PSOE se recupere de ésta por el bien del sistema. Y para mantener a raya a los de Pablo Iglesias. Es por eso que su plan pasa por facilitar la vida a los socialistas, hacerles ciertas concesiones para que estos lo tengan menos difícil a la hora de vender a los suyos una abstención que supone su única tabla de salvación. 

Tras la dimisión de Sánchez el PP mantuvo el domingo un silencio casi sepulcral a la espera de recibir instrucciones de su jefe de filas. Y éstas llegaron este lunes en una reunión del comité de dirección en la que Rajoy trasladó a su núcleo duro una orden precisa: ni una sola mala palabra hacia el PSOE y su situación interna que los pedristas puedan utilizar en contra de Susana Díaz.  

La consigna ya ha sido trasladada a todos los cuadros populares, y de hecho en las últimas horas ningún dirigente se ha saltado el guión. El PP habló este lunes sólo por boca de María Dolores de Cospedal. "Todo el mundo sabe que el PP no quiere que vayamos a terceras elecciones, cuál es nuestra postura. Vamos a ver qué es lo que tiene que decir el PSOE", se limitó a afirmar.

Rajoy no está dispuesto a perder el tiempo, porque no lo tiene. Ya ha hablado con el presidente de la gestora, Javier Fernández, y su intención es despachar estos días de forma discreta/secreta también con la propia Díaz, con quien mantiene una relación cordial, a decir de los suyos. Más si cabe en comparación con la que tenía con Pedro Sánchez, pésima.

¿Hasta dónde está dispuesto a llegar para obtener la bendición del PSOE, ya no sólo para la investidura sino para garantizarse los Presupuestos de 2017 (que serían aprobados a principios de año) y cierta estabilidad?

En primer lugar, Rajoy mantiene su oferta de garantizar al PSOE la gobernabilidad en todos los territorios donde Podemos tome represalias contra los socialistas y haga tambalear sus gobiernos, que ya ha empezado a hacerlo. Bien sea Castilla-La Mancha, Aragón, Extremadura o la Comunidad Valenciana.

En segundo lugar, el presidente en funciones es receptivo a vaciar de contenido (forma eufemística de derogar) algunas de las leyes contra las que el PSOE ha hecho campaña, especialmente la ley de seguridad ciudadana (la llamada ley mordaza) y la de educación. La reforma laboral, sin embargo, es una línea roja para Rajoy, según fuentes de su entorno. Sólo aceptará algún retoque sin importancia. 

En paralelo, el presidente del PP no se olvida de la importancia de cuidar a Albert Rivera más que nunca, no vaya a ser que crea seguir contando con los 32 diputados de Ciudadanos y no sea así. El líder de los populares juega con la ventaja de que C's le tiene casi tanto miedo a unas terceras elecciones como el PSOE. En eso también tiene la sartén por el mango. Como en todo.

Criticón Digital