Luis del Pino.

Se cumplen trece años del mayor atentado que se ha producido nunca en Europa. Todavía los culpables siguen sin aparecer.

El documental de Cyrille Martin, que publicamos ayer en versión española y que está corriendo por las redes sociales como la pólvora, es un documental extraordinariamente bien hecho. Explica el 11-M de forma didáctica y gráfica para que cualquiera que lo vea, a pesar de todos los detalles, no se pierda dentro de la maraña de ruido que rodea el caso. Al final, pone sobre la mesa una catara de indicios y demostraciones sobre la falsedad de todo aspecto relativo a la versión oficial y uno termina preguntándose: Si el 11-M no fue un atentado terrorista, ¿qué demonios fue? Y ahí es donde empiezan las hipótesis.

 A lo largo de los años he publicado un centenar de artículos sobre el 11-M y puedo decir, llenándome la boca con ello, que en todos esos artículos en los que he expuesto los hechos demostrando que la versión oficial es una patraña de principio a fin, jamás me han podido pillar en un renuncio.

Si ustedes van a la hemeroteca de El País, Luis del Pino no existe. Jamás me han mencionado en ningún tipo de noticia. Y mire que han escrito artículos contra los "conspiranoicos" y contra la madre que parió a todos los que cuestionamos la versión oficial. Pero puedo demostrar todo lo que he publicado, porque todo está sacado del sumario. Si uno lee el sumario, que es lo que ha hecho el cineasta francés Cirylle Martin, todo se cae a pedazos. Es una burla y una falsificación de una grosería y cutrez realmente apabullante.

Además de los artículos que he publicado sobre los hechos, a lo largo de los años también he publicado mi opinión sobre qué pasó. Ahí es donde empiezan las discrepancias, porque las opiniones son libres y falibles. Yo tengo mi opinión sobre lo que sucedió el 11M y no necesariamente tiene por qué ser la opción correcta, porque mientras no tengamos manera de demostrar qué pasó, todas las opiniones son respetables.

Cyrille Martin coincide con el fallecido Fernando Múgica en una determinada opinión que yo no comparto. Ambos pensaban que se trató de una operación de servicios de inteligencia exteriores a España. Es decir, fue un atentado de carácter geoestratégico ideado por alguien que pretende que la masacre parezca islamista.

Martin describe mi tesis de una forma inexacta en el documental. Yo jamás he dicho que el 11-M fuese un atentado realizado por la izquierda española o por el PSOE, porque no lo creo. Lo que sí creo es que fueron las cloacas nacionales con el objetivo muy claro de iniciar el proceso de confederalización de España, lo cual no descarta que pudiera haber participación puntual de los servicios secretos extranjeros. Pero la voz cantante, en mi opinión, la llevaban nuestras cloacas patrias porque tenemos canallas suficientes en España como para no necesitar importarlos de fuera.

Pero lo gracioso de todo este asunto, es el perfil de la persona que hace el documental. Ya saben ustedes que aquí en España, cada vez que poníamos datos sobre la mesa para hablar de las flagrantes y evidentes falsedades de la versión oficial del 11-M, la contestación sistemática de todos los majaderos defensores de la versión oficial - El País, Nacho Escolar y toda esa panda – es que no fue ETA. Nadie ha dicho que fuese ETA. Decimos que fue un atentado de las cloacas. Pero eso no lo mencionan porque desde un principio la estrategia de manipulación de la opinión pública fue dividir a los españoles en dos: si usted es de izquierdas, tiene que creer que fue Al Qaeda y si usted es de derechas, debe creer que fue ETA. Esa disyuntiva es falsa porque no fueron ni ETA ni Al Qaeda, fue una operación realizada por las cloacas, nacionales o extranjeras.

Fuera de España, los que sí se hicieron eco de los datos fueron curiosamente los medios de extrema izquierda en Francia y Argentina. Hace casi ya diez años, se difundieron las investigaciones de Libertad Digital y El Mundo a través de la Red Voltaire, una red vinculada a la extrema izquierda francesa que sostiene la tesis de que el 11-M se enmarca dentro de las operaciones realizadas por las cloacas de la OTAN. Y uno puede estar o no de acuerdo con esa tesis, pero al menos tiene coherencia. Lo que no tiene coherencia son los defensores de la versión oficial de aquí tratando de negar las evidencias.

La versión oficial no hay por donde cogerla. Todo es falso. Como la mochila que iba en los trenes aunque finalmente se encontró 18 horas más tarde en dependencias policiales, tenía metralla cuando las bombas de los trenes no la tenían, estaba preparada para no explotar, no aparece en ningún acta de registro, se encontró 18 horas más tarde de la masacre en dependencias policiales y nadie sabe de dónde salió. Y esa es una prueba fundamental del caso. Es todo tan burdo, tan falso y escandalosamente infantil que lo que uno no se explica es por qué la izquierda de este país compra esa porquería.

En lo referente al 11-M, la extrema izquierda francesa lleva dando una lección de diez años a la izquierda española. Y lo mismo sucede con la extrema izquierda argentina, porque el 11-M guarda extraordinarias similitudes con otro atentado extrañísimo, el la AMIA. El atentado se atribuyó a los iraníes aunque en realidad fue una porquería hecha desde los servicios secretos argentinos, que son casi peores que los de aquí. Y en esas estamos. Mientras la extrema izquierda fuera de España contempla el 11-M con objetividad, aquí los escolares y los cebrianes tratan de mantener lobotomizada a la izquierda española.

Votantes de izquierda y de derecha, solamente haceos una pregunta: ¿Qué mierda hay en el 11-M para que PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos estén de acuerdo en no removerla? Piensen en eso.

 

Criticón Digital