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Sánchez espanta al electorado de centro y allana el camino de Rajoy y de Rivera. El líder de los socialistas vendió su alma a Podemos y a los independentistas y sus marcas blancas con tal de acumular poder territorial y ahora se encuentra con un electorado que desconfía de él y sus amistades.

El hundimiento del PSOE y de Podemos que arroja el barómetro del CIS es tan bíblico como los nombres de sus líderes. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias tocan fondo cogidos de la mano. Y el barómetro del CIS no es una encuesta más, es "la encuesta". Puede equivocarse, claro está, pero es la más fiable. Y no sólo por sus 18.000 entrevistas (la última de El País tenía 1.200), sino porque, digan lo que digan, es la única que no tiene un claro tufo partidista. Al fin y al cabo los expertos que la elaboran son funcionarios y eso, hasta un punto, es garantía de limpieza e imparcialidad.

El batacazo de Podemos tiene un pase, porque en realidad irrumpir en el Congreso con cerca de 25 escaños y un 9% de apoyo es, objetivamente, todo un éxito para una partido creado hace menos de dos años . Lo que ocurre es que si se compara con las expectativas que ellos mismos habían alimentado el jarro no es de agua fría sino helada (recordemos que el CIS de enero pasado les daba un 24 por ciento de votos y les situaba como segunda fuerza nacional).

Al reloj de Pablemos, con su famoso "tictac, tictac..." se le ha terminado la cuerda aunque el confíe "en la remontada" porque el CIS últimamente "no ha estado muy fino". Hombre, da un poco de risa. Una cosa es no estar fino y otra es equivocarse en 100 escaños más o menos. Con un poco de suerte para España, la presencia en el Congreso de "coleta morada" va a quedar reducida al rol de mosca cojonera. Y ahí puede incluso hacer un buen papel.

Pero si el batacazo de Podemos es considerable, el del PSOE es épico y no tiene excusa posible. Muy mal hay que hacerlo para, desde la oposición, ser incapaz de remontar en las encuestas viniendo de los peores resultados de la historia (110 escaños en 2011) y con una partido en el Gobierno que sufre además un importante desgaste por la crisis y la corrupción. No sólo no ha sabido aprovechar eso sino que Pedro Sánchez ha terminado por hundir a su partido hasta cotas inimaginables ni en las peores pesadillas de los socialistas. Si a Alfredo Pérez Rubalcaba le dicen que el PSOE iba a estar peleando por ser segundo, y con menos de 90 escaños, igual se hubiera pensado eso de volver a la universidad a dar clases.

El responsable máximo del Partido Socialista es también el máximo responsable de la debacle electoral que se vislumbra en el horizonte. Más allá de fracturas internas, que las hay, y de la pesada herencia que le dejó José Luis Rodríguez Zapatero, que también influye, hay que analizar qué ha hecho mal el propio Pedro Sánchez. Y, a tenor de la encuesta del CIS, parece evidente que el PSOE está pagando sus pactos de perdedores con la extrema izquierda, tanto con Podemos y sus marcas blancas como con independentistas e incluso antisistema de diverso pelaje. Todos con el mismo denominador común: echar del PP del poder. Allí donde ambas formaciones se han dado la mano, los socialistas se hunden.

El caso más evidente es Madrid, donde el pacto de Manuela Carmena y Antonio Miguel Carmona arroja al PSOE al cuarto lugar con 5 escaños, frente a los 13 ó 14 del PP, los 10 de Ciudadanos y los 6 ó 7 de Podemos. La maniobra de Sánchez ha resultado catastrófica. Parece que los madrileños no le perdonan que regalase el Ayuntamiento de la capital a los radicales. Los 'asaltacapillas', antisemitas y amigos de la guillotina no son buena compañía.

Ocurre algo parecido en la Comunidad Valenciana. Allí, el pacto del socialista Ximo Puig con los radicales catalanistas de Compromís le supone al PSOE una caída también a la cuarta posición con entre 3 y 6 escaños menos que el PP. Y en Castilla-La Mancha, tres cuartos de lo mismo; allí la alianza de Emiliano García-Page con Podemos le supone un buen desplome. El CIS le da la mitad de escaños que al PP.

En otros lugares donde actualmente gobierna el PSOE sucede algo parecido. En Asturias y en Aragón el PP supera ampliamente a los socialistas que, no obstante, sí aguantan el segundo lugar en esas dos regiones. Y visto lo visto, es todo un logro.

A los socialistas sólo les queda agarrarse al clavo ardiendo de los indecisos, alrededor de un 40 por ciento según el CIS. Tienen razón de que eso puede cambiar mucho las cosas pero también puede hacerlo en favor del PP, o de Ciudadanos y en contra del PSOE. El panorama es tremendo y hay que temer la reacción a la desesperada. Cuando en un partido de fútbol un equipo recibe un saco de goles normalmente, por pura frustración, comienza a dar patadas al rival. Mucho me temo que el PSOE va a comenzar en breve a repartir leña. El número dos, César Luena, ya dejó entreverlo con acusaciones de ladrón a Rajoy. Y eso que el CIS aún no les había dado el revolcón.

Benjamín López. 

Criticón Digital