chavismo

Pablo Iglesias acusa a Felipe González de tener las manos manchadas de cal viva por los asesinatos de Lasa y Zabala, durante los años del GAL, algo que a Iglesias le importa muy poco, él es colaborador directo de los que provocan miles de asesinatos, el chavismo de Venezuela, y ni se inmuta. Las vidas humanas no tienen ningún valor para Iglesias. Su interés por Gónzalez es desprestigiarlo, quizás por orden de sus amos venezolanos, los chavistas que han pagado su ascensión y asalto a los "cielos" de la política, por la crítica de González al régimen venezolano y el apoyo a los opositores represaliados por el régimen de Maduro.

Por su interés, reproducimos un editorial de okdiario.

La actuación de Pablo Iglesias durante el debate de investidura se ajusta perfectamente a unas palabras del dramaturgo Friedrich von Schiller: “No existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas”. Cuando el secretario general de Podemos acusó a Felipe González de tener “las manos manchadas de cal” en referencia directa a los asesinatos de Lasa y Zabala durante los años del GAL, su intención iba mucho más allá de convertir el hemiciclo en un escenario mitinero de la peor calaña. El dirigente radical buscaba destruir la reputación del ex presidente del Gobierno por haberse posicionado en contra de la dictadura chavista, que son los que pagan las facturas de Podemos.

Iglesias, más allá de la pompa y circunstancia que otorga a cada una de sus vacuas palabras, ha traído escasa novedad a la política. Si acaso, nuevos amos, ya que las servidumbres al poder son aún peores de las que había antes si tenemos en cuenta que sus fuentes de financiación y logística se asientan en Irán —el país donde dos hombres serían ahorcados por besarse en la boca— y Venezuela, el régimen que apoya a héroes podemitas como Arnaldo Otegi y donde los presos políticos sí existen, al contrario de lo que reconocen los morados.

Maneras de matón para ajustar las cuentas pendientes en nombre de unos mafiosos de Estado que, como les ha contado esta semana OKDIARIO y certifica la Administración para el Control de Drogas (DEA) de los Estados Unidos, ha apoyado a ETA con dinero procedente del narcotráfico. Tanto es así que incluso llegaron a poner el avión de Nicolás Maduro a disposición de 35 miembros de la izquierda radical entre los que figuraban Anna Gabriel —otra fan de Otegi—, María José Aguilar, de Podemos Castilla-La Mancha, y el padre de la componente de ETA Kizkitza Gil. Felipe González paga así su osadía de ir en contra de Podemos y Venezuela, un partido y un país hermanados por el dinero y por la nula tolerancia a la divergencia en el pensamiento y la opinión.

El dirigente socialista, que ya estuvo en Venezuela defendiendo a los presos políticos, se ha unido al también ex presidente de España José María Aznar en la firma de un manifiesto en contra de la Venezuela de Nicolás Maduro. Una prueba más de su compromiso con los derechos esenciales en el país latinoamericano y, especialmente, para lograr la libertad de opositores encarcelados como Leopoldo López. Si bien el comportamiento es loable por parte de un hombre que lo ha sido todo en política, no es menos cierto que ese matón de escaño recién estrenado que se llama Pablo Iglesias no le perdonará nunca que haya ido contra ellos. Podemos y Venezuela son, al unísono, firmantes de una rancia omertá a través de la que comparten el mismo credo moral, ideológico y político.

Criticón Digital